Tazas numeradas y sin ficha técnica
Notas de una fecha amateur en la que el paladar jugó en contra
La mesa se arma con cuatro tazas por participante y ninguna ficha a la vista. Solo un número escrito con marcador sobre la base. En la fecha que cubrimos se sirvieron cinco muestras y el formulario pedía anotar acidez, cuerpo, dulzor y retrogusto en una escala de uno a diez. Nadie sabía qué estaba tomando. Ese es el punto.
Lo primero que se cae es la ilusión de reconocer el origen. Casi todos los participantes identificaron el perfil de tueste antes que el país, y varios confundieron un lavado de altura con un natural fermentado porque el dulzor les resultó demasiado intenso. La trampa es simple: el paladar busca referencias conocidas y las inventa cuando no las tiene.
El formulario que usaron los jueces separa dos cosas que suelen mezclarse. Por un lado, la descripción sensorial: qué se percibe, en qué orden, con qué intensidad. Por otro, la evaluación comparativa: qué muestra se parece a cuál dentro del mismo vuelo. Puntuar bien la segunda parte no exige adivinar el origen, solo ordenar lo que se tiene enfrente.
Los criterios de puntuación que vimos aplicar fueron acidez, cuerpo, dulzor, retrogusto y limpieza de taza. Cada uno con su casillero y un comentario obligatorio cuando la nota bajaba de cierto umbral. Ese comentario es el que más incomoda: obliga a explicar por qué algo no gustó sin poder decir "no me gustó".
Dos cafés lavados de altura quedaron afuera en la primera ronda. Los favoritos de la previa, según los comentarios de pasillo, eran justamente esos. La intensidad del dulzor los hizo pasar por otra cosa y el jurado no premió la apuesta. Al final, la muestra que ganó fue la que menos se parecía a las demás, no la que más se parecía a lo esperado.
La trampa más común cuando se cata sin referencias previas es la temperatura. Las muestras se enfrían mientras se anota y el perfil cambia en la taza. Lo que parecía ácido a los sesenta grados se vuelve plano a los cuarenta. Anotar el momento en que se evalúa cada atributo ayuda más de lo que parece.
Si vas a una próxima fecha, conviene llegar sin haber probado café en la hora anterior y con agua a mano. Nada más. El resto lo hace la mesa.
Cada fecha del ranking amateur se sigue en vivo: armado de estaciones, calibración de moliendas, tiempos por participante y criterios que aplican los jueces. La idea es que la crónica sirva tanto para quien compitió como para quien quiere entender cómo se puntúa antes de anotarse.
Las guías sobre barra de espresso, molinillos de entrada, balanzas y prensas francesas se escriben pensando en locales chicos y en quien recién empieza a moler en casa. Se prioriza el orden de trabajo, la distancia entre equipos y qué se puede postergar sin arruinar el servicio.
Las fichas técnicas se ordenan por país, región, variedad, proceso y nivel de tueste, y se acompañan con preguntas concretas para hacerle al tostador. La intención no es repetir la etiqueta, sino explicar cómo esa información cambia la molienda y el método.
Las entrevistas se hacen con jurados del circuito y con dueños de tostadores que después comparten mesa con los competidores. Se busca entender cómo definen criterios, qué miran primero en una taza y qué errores ven repetirse fecha tras fecha.
Las comparaciones de prensa francesa, V60 y Aeropress se prueban con el mismo grano de tueste medio para ver qué resalta cada método. También se revisan molinillos accesibles y balanzas de precisión, con foco en regulación, retención y consistencia.
Lo que se ve en una cata a ciegas del circuito amateur no es el grano, sino el ritual: fila de tazas numeradas, agua a temperatura, cucharas limpias y planillas donde cada participante anota acidez, cuerpo, dulzor y retrogusto antes de saber qué está tomando. Estas imágenes acompañan la crónica de la fecha en la que dos cafés lavados de altura se confundieron con un natural fermentado por la intensidad del dulzor.
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En la fecha que cubrimos, varios participantes discutieron el resultado porque esperaban que el café más dulce fuera el natural fermentado. El reglamento del circuito amateur aclara que la planilla no pide adivinar origen ni proceso: pide describir acidez, cuerpo, dulzor y retrogusto con la intensidad que cada juez percibe. Cuando dos cafés lavados de altura muestran un dulzor alto, la confusión con un fermentado es esperable y no se descuenta por eso.
Otras aclaraciones que conviene tener presentes: las muestras se sirven sin ficha técnica y a temperatura de servicio, no se permite oler el molino ni consultar la bolsa, y el orden de las tazas cambia entre rondas para que nadie memorice posiciones. Los puntajes se cargan por atributo y recién al final se suman, así que una sola muestra mal leída no define la fecha. Si un juez reconoce el perfil de tueste antes que el origen, lo anota como observación, no como acierto.